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VIAJE AL DESIERTO DE MERZOUGA (III)

Tras nuestra experiencia del día anterior, llegó nuestro último día por el desierto. Un viaje que me ha abierto los ojos en muchas maneras y por muchas razones. Nos levantamos para tratar de ver el amanecer, pero no pudimos porque estaba nublado y fue una pena. Tras esto, nos esperaba el desayuno, nuevamente tradicional y con productos locales. Recogimos y vuelta al dromedario para volver al hotel donde nos esperaba Idier para seguir nuestra ruta.

Esta vez, de vuelta a Marrakech donde finalizó nuestro viaje. Fue un día duro porque recorrimos casi 500km que supusieron unas 10 horas de coche por el estado de las carreteras. Además, ese día la única visita programada fue Ouarzazate para poder contemplar algunos emplazamientos de películas tan famosas como Gladiator y la ciudad fortificada. El resto fue carretera y observar nuestro alrededor y la inmensidad de lo que nos rodeaba. 

La única pena fue no poder entrar a algún estudio de grabación porque estaban cerrados. Pero ese día nos sorprendió gratamente poder comer un plato tan típico para ellos en esa zona como el tajín de cabra. Para muchos seguramente probar comidas distintas a las que comen habitualmente puede resultar algo desagradable o, al menos, impensable. Para mí, es una experiencia más, un acercamiento a la cultura del lugar en el que estoy. Allí comer cabra es de lo más habitual por lo que nos decidimos a probarlo y he de decir que tiene un muy buen sabor.

Además, conocimos el pueblo de nuestro guía y tuvimos la oportunidad de ver que las personas hacen autostop. Se ayudan mutuamente para intentar acortar las distancias que los separan de hospitales o administraciones a las que tienen que ir. Todo muy distinto de lo que tenemos aquí ahora y por lo que sentirnos agradecidos. Pero nunca lo hacen con los turistas. De hecho, los 4×4 que llevan a turistas llevan un distintivo y una documentación especial que deben mostrar en todo momento y aísla a los turistas de los locales. Te dejan pasar primero, no se entrometen y, por supuesto, no te piden autostop. Estás en una burbuja.

Nuestra primera parte del viaje llegaba a su fin sobre las 19h cuando entramos en Marrakech y nos despedimos de nuestro guía Idier. Siempre recordaremos su ayuda y sus explicaciones y le estaremos agradecidos por todo lo que hizo por nosotros durante los tres días que estuvimos con él. Incluso nos ayudó a contactar con el hotel para que alguien con una carreta nos llevara por las callejuelas de la Medina al hotel. Porque en ciudades como Marrakech, el pillaje está más extendido y nos ayudó a lidiar con ello a nuestra llegada.

Al llegar, nos esperaba una grata bienvenida seguida de un té marroquí. Algo muy común en Marruecos es que siempre te dan la bienvenida con un té marroquí bien azucarado o comparten contigo su tetera. Es algo cultural como muestra de hospitalidad, pero también como muestra de respeto hacia la persona que llega. Lo pudimos ver durante todo nuestro viaje y, por supuesto, lo pudimos ver en el RIAD DAR JUSTO, nuestro alojamiento para los siguientes 3 días que podréis ver en el siguiente post de Marrakech.

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