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MARRAKECH: UNA CIUDAD PARA VISITAR EN 3 DÍAS

Marrakech es una ciudad atrayente por su forma de aunar tradición con modernidad.  Sorprende el contraste que se produce en sus calles viendo mezclados burros y coches de lujo. Se puede decir que ambos mundos conviven separados por una fina línea que es la muralla. Ésta rodea la Medina, la parte antigua, en la que nosotros nos centramos durante nuestra visita a Marrakech. En su interior, encontramos todo un ecosistema en el que o te unes o te desesperas. Aquí podrás conocer Marrakech: una ciudad para visitar en 3 días.

Como ya os conté en Cómo organizar un viaje a Marruecos, nuestra elección de alojamiento fue el Riad Dar Justo, un pequeño riad situado en el Zoco y muy cerca de la plaza Jemaa el-Fna. Es propiedad de un catalán al que tuvimos el placer de conocer y con quien compartimos una velada muy agradable.

PRIMER DÍA

La tarde noche que llegamos estábamos tan cansados de nuestro viaje al desierto de Merzouga que, tras nuestra bienvenida, decidimos ducharnos y cenar en el hotel.

Lo que más nos impactó en nuestros primeros minutos en la ciudad es la llamada a la oración. Hay varias a lo largo del día, pero es mágico. De pronto, todo el rumor de la ciudad se detiene y da paso a un cántico casi gutural que detiene totalmente la ciudad y es pura magia.

Recuerda que, especialmente si viajas al extranjero, lo ideal es que contrates un seguro de viaje. Yo te recomiendo hacerlo con Heymondo y encima, si reservas a través de este enlace, te harán un 5% de descuento.

Al día siguiente, y tras un gran descanso y un espectacular desayuno en el hotel, nos dirigimos a la plaza central Jemaa el-Fna. Como seguro sabrás, es costumbre que en mis viajes busque algún tour local en el que, tras la visita que te hacen, pagas el valor que tú le des. Nos gusta empezar los viajes así para hacernos una idea de la ciudad y poder luego aprovechar visitando más detenidamente lo que nos haya llamado la atención. En este ocasión, hicimos este free tour por Marrakech.

Desayuno en la terraza del hotel

Free tour por las calles de Marrakech

Una vez encontramos nuestro guía y nos explicó el recorrido que haríamos por la ciudad, nos dirigimos a nuestra primera parada, la Mezquita Kutubia. Aunque no es posible visitarla, es espectacular ver como se erige su torre de llamada a la oración y la pequeña zona ajardinada que lo rodea donde hacer un pequeño descanso. De hecho, no es posible visitar ninguna mezquita, salvo que seas musulmán y vayas a rezar.

Mezquita Kutubia

Continuamos siguiendo la muralla por fuera y nos dirigimos a Bab Er Robb, una de las puertas de acceso a la ciudad. Frente a la misma, encontramos un edificio institucional donde el guía aprovechó para comentarnos cómo funcionaba la policía y la monarquía que rige el país. Una parte muy interesante en la que pudimos conocer mejor cómo se organizan y entender su forma de vida.

Tras esta parada, nos adentramos otra vez en las callejuelas que se encuentran en la Medina y pasamos por delante de las tumbas saadíes y el palacio El Badí, que visitaríamos en nuestro segundo día en Marrakech, para llegar a nuestra siguiente parada, el Palacio Bahía. Un gran palacio que el visir de un sultán del siglo XIX mandó a construir para él y para sus esposas, nombrándolo en honor a una de ellas.

Es allí donde nos explicaron cómo funcionan los matrimonios poligámicos que algunos hombres del país tienen y cuáles son sus bases. Sin duda, un aspecto notable de su cultura que dio para debate. Además, el palacio es una parada obligada si decides ir a Marrakech tanto por su belleza arquitectónica como por la historia que hay detrás.

Palacio Bahía

Nuestra visita llegaba a su fin y nos quedaba la parte más movida de la visita, el Zoco. Todo el mundo tiene la imagen de un zoco árabe lleno de miles de sensaciones procedente de todos los sentidos y mucho ajetreo en sus calles. Pues debo reconocer, que no decepciona. Todo es ruido, movimiento, colores y olores entremezclados mientras que tú, como turista, tratas de seguirle el ritmo a la parte más vibrante de la ciudad. 

El guía nos recomendó que no nos separásemos de él y sujetar bien nuestras cosas porque, como todos podemos imaginar, cuanto más ajetreo y más pegados estuviéramos, más opciones había que los temidos carteristas aparecieran y se llevaran nuestras pertenencias. Aunque debo reconocer que no me pareció especialmente insegura la ciudad, las motos sí te pasan muy cerca y pueden sustraerte cualquier cosa que tengas en la mano sin apenas darte cuenta. Mucho ojo si visitas la ciudad tanto a las afueras como en el interior de la muralla.

La última parada fue en una de los herboristerías que hay repartidas por sus callejuelas para que nos dieran una charla sobre tratamientos y propiedades naturales de especias y plantas. Fue la parte que menos me gustó por la connotación comercial que tenía, pero igualmente aprendimos algunas cualidades curiosas. El recorrido acabó en la plaza Jemaa el-Fna, muy cerca de donde comenzamos el recorrido. El guía se despidió dándonos los últimos consejos sobre lugares que ver y dónde comer.

Si te interesa realizar este free tour, te dejo aquí el enlace del que hice yo.

Comida con vistas a la plaza Jemaa el-Fna

Aprovechando que estábamos en la plaza y que aún había muchas partes del zoco que no habíamos visto, nos decidimos por comer en un restaurante con vistas a la plaza que habíamos encontrado en nuestra búsqueda en casa, Le grand balcon du café glacier. Esta será mi primera recomendación gastronómica para tí. Muy recomendable tanto por precio como por comida y con vistas impresionantes, sin duda.

Compras y henna

Tras la comida, nos dirigimos a la otra parte del zoco, la que teníamos en el lado del riad, para ver el trasiego, hacer algunas compras de especias (regateando claro), tatuarme con henna la mano y callejear disfrutando del ambiente del lugar lleno de artesanos de cuero, tela y demás oficios.

Sobre la henna, debo advertiros que no todas las tiendas son buenas. Algunas usan productos químicos que lo hacen menos durable. Yo me lo hice en una que me recomendaron llamada Herboriste La Sagesse. Asimismo, tened cuidado si os apetece haceros un tatuaje y comprobad primero que en el riad que estéis lo aceptan ya que una mancha de henna en las sábanas las deja inservibles y puede que os repercutan su coste. En mi caso, me protegí la mano para evitar estropear las sábanas.

Piscina del Riad

Regresamos al hotel para darnos un pequeño remojón en su pequeña piscina y arreglarnos para la cena a la que habíamos sido invitados por el propietario el día anterior tras unos inconvenientes con nuestra reserva.

Cena de lujo en un Riad

Disfrutamos de una exquisita cena rodeados de buena compañía y servida con el mejor servicio de mesa que habíamos tenido hasta el momento. Si algo destacaría de esa cena es probar su maravilloso Tajín de sardinas ahumadas. Sin duda, uno de mis platos favoritos de mi estancia en Marruecos. Además, haber probado el vino gris. Un vino rosado de origen marroquí que te enamora por su suavidad y su ligereza, adaptado a todos los paladares. También nos apuntamos sugerencias para hacer y comer que nos dieron.

Restaurante de Riad Dar Justo

SEGUNDO DÍA

Tras nuestro primer día en Marrakech: una ciudad para visitar en 3 días, y habiéndonos hecho una idea de la ciudad, ya teníamos organizado el plan para el día que teníamos por delante. Lo primero fue aprovechar las recomendaciones de la noche anterior y hacer algunas reservas que te contaré más adelante.

No me cansaré de recomendarte que, especialmente si viajas al extranjero, contrates un seguro de viaje. Yo te recomiendo hacerlo con Heymondo y encima, si reservas a través de este enlace, te harán un 5% de descuento.

Tumbas Saadies

Comenzamos visitando las Tumbas Saadies que, a pesar de no ser un lugar grandioso, es un rincón precioso. Lo mejor es ir a primera hora porque se forman colas para poder entrar y ver las tumbas. Datan del siglo XVI, pero no se descubrieron hasta principios del XX. Es un mausoleo de los miembros de la dinastía Saadí y cuya belleza y valor arquitectónico son increíbles. No dejes pasar la oportunidad de entrar y verlo por ti mismo.

El barrio judío

Tras la visita, decidimos descubrir el Menaa o barrio judío que está cerca. Ver cómo la gente vive sus vidas y encontrar tiendecitas y rincones es algo que disfrutamos mucho en nuestros viajes. Sin prisa y sin rumbo fijo. Estuvimos andando por la ciudad dejándonos engullir nuevamente por su vibrante ritmo hasta que se hizo la hora de comer.

Comer en un aspirante a Estrella Michelín

Dar Moha es el restaurante de Moha Fedal, considerado como el Ferrán Adrià marroquí. Cocinero durante años en prestigiosos restaurantes de EEUU y Suiza, volvió a su país para intentar elevar la gastronomía marroquí e impulsar una revolución en su cocina tradicional.

Cuando nos hablaron de él, no dudamos que era un lugar que queríamos probar. Iba a ser la mejor experiencia culinaria que podríamos imaginar en nuestra visita a Marrakech. Pese a que es complicado reservar con tan poco tiempo para cenar, y algo caro (el menú degustación ronda los 60€ por persona), sí pudimos reservar para el mediodía. El almuerzo es a la carta y sale más económico en relación al tipo de cocina y la preparación que conlleva. Nuestra comida salió por unos 20€ cada uno comiendo unos entrantes fríos para compartir, dos platos principales, pan y agua.

Recuerda reservar en Dar Moha o te quedarás sin mesa.

Como recomendación, no olvides probar la tangia. Es un plato ancestral cocinado en una especie de olla de barro alargado (de ahí el nombre del plato) y enterrado en cenizas en un horno subterráneo durante horas. No hace falta que destaque cómo se deshace la carne y las verduras en tu paladar. La única espinita que me quedó fue no poder probar ningún postre debido a mi alergia. El servicio fue excepcional y muy amable e incluso el chef salió de cocina un par de veces a saludar y preocuparse porque realmente todo estuviera bien.

Un té marroquí con vistas

Tras la fabulosa comida, decidimos seguir paseando por el zoco y tomar un té refrescante sentados en la azotea de Café des Épices, un lugar bastante conocido y con ambiente. Su azotea es un lugar muy agradable donde nos sentamos y tomamos un té mientras observábamos las decenas de antenas que coronan la ciudad. Al mismo tiempo, disfrutamos de un poco de música en directo y el murmullo de la ciudad de fondo.

Hamman, una experiencia ancestral

Se acercaba el momento de nuestro hamman. Queríamos que fuera en pareja y eso descartaba varios lugares en los que hombres y mujeres no tienen permitido mezclarse. Nuestra primera idea fue hacer uso del hamman de nuestro Riad, pero lamentablemente estaba de reformas aún y no pudimos hacer uso de sus servicios. En su lugar, reservamos en el Hamman de la Rose, un lugar recomendado por el hotel y que no nos defraudó. Nos decantamos por un hamman tradicional con un masaje corporal para quitarnos las tensiones de nuestro día a día y depurarnos de todo. Nos trataron estupendamente y salimos muy relajados del lugar. 

Cena en la plaza con más ambiente

Tras arreglarnos para cenar fuera, nos adentramos a la noche de Marrakech y su Medina. Era sábado noche y había mucho movimiento porque la gente venía de las afueras por el mercado y se juntaban en una especie de fiesta callejera en la plaza Jamaa el Fna. 

Te recomiendo que cenes un tajín en la misma plaza, mientras te dejas hipnotizar por el ruido, las luces y el alboroto. Porque si crees que esa plaza tiene movimiento durante el día, no fue nada comparado con el ambiente que ves por la noche. Tras la cena, disfruta de los puestos, las actuaciones y un helado en algún puesto ambulante.

Concierto improvisado

ÚLTIMO DÍA

El último día de Marrakech: una ciudad para visitar en 3 días comenzó más tarde debido a la salida del día anterior. Nuestro vuelo salía a media tarde y no queríamos irnos sin terminar de ver un par de sitios que aparecen en todos los blogs y guías que habíamos mirado.

Tras dejar nuestra habitación, nos dirigimos andando a nuestra última visita en Marrakech, los jardines Majorelle y el museo de Yves Saint Laurent. Fuimos andando para seguir viendo la vida cotidiana que nos rodeaba.

Prepárate para un camino largo y con zonas que pueden no aparentar ser seguras. Anda con seguridad, usa calles principales y no expongas tus cosas. Recuerda también ir con un buen seguro de viaje como el que te recomiendo siempre de Heymondo.

Jardines Majorelle y Museo Yves Saint Laurent

El lugar está algo apartado, pero es bonito y muy colorido. Fue un chalet construido en época colonial por el artista Jacques Majorelle, un pintor francés que adoraba la botánica. Durante la visita, pudimos observar similitudes con el palacio de Bahía. No en vano fue una de las inspiraciones para la construcción de la casa. El azul que se puede ver por todos lados se convirtió en el color azul Majorelle cuyo nombre continúa hoy día utilizándose.

Si bien resulta muy interesante conocer partes de la historia y la cultura mediante la moda y este espectacular oasis, al final es una visita que puedes obviar si no eres un gran seguidor de este mundo. El precio de la entrada es elevado y está retirado de la medina. Aún así, a mi me gustó bastante.

Tras el abandono del complejo por su dueño original, y tras varios años, la casa y su jardín fueron adquiridos por Yves Saint-Laurent junto a su pareja. Ellos comenzaron su rehabilitación y puesta a punto tal y como se conocía y se conoce actualmente. De ahí a que el antiguo taller del artista Majorelle esté ahora destinado a un museo que repasa la trayectoria del modista durante toda su vida y que tampoco nos perdimos. Es una exposición corta, pero hace un buen recorrido y refleja muy bien su legado al mundo de la moda. 

Comida en una oficina de Correos con historia

Se acercaba la hora de comer y fuimos a la última recomendación que nos dieron. El restaurante era el Grand Café de la Poste, un local con historia y de ambiente colonial. Originalmente edificio de correos de los años veinte de la ciudad, representa muy bien la Francia colonial de los años veinte mezclado con toques marroquíes. No fue hasta 2005 que un grupo francés lo compró y lo rehabilitó en el restaurante que es hoy día y que guarda el glamour y toda su esencia original.  

Como amantes de la arquitectura que somos, nos encantó el local y nos transportó a un ambiente que sólo hemos leído en libros y visto en películas de época. Han conseguido plasmar muy bien la época y el ambiente y todo eso acompañado de unos platos exquisitos mezcla de comida francesa y marroquí y servido con una impecabilidad y una amabilidad extraordinarias.

Entrada al restaurante

Después de la fabulosa comida, nos dimos una vuelta alrededor de la zona comercial que hay alrededor con tiendas mayormente internacionales. Todo esto, camino a nuestro alojamiento donde esperaban nuestras maletas y un taxi que nos llevaría al aeropuerto para coger nuestro vuelo.

Ve con tiempo al aeropuerto, en Marrakech no te dejan registrarte y coger tu billete online por lo que debes estar antes allí para pasar los controles de aduanas y poder adquirir tu billete de avión.

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