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VISITANDO ESSAOUIRA

Seguramente éste fue el día en el que más madrugamos de toda nuestra estancia en Marrakech. No nos importó puesto que el día de antes habíamos ido a descansar temprano tras nuestro día de relax. Hoy tocaba nuestra visita a Essaouira.

Tras un desayuno rápido en el riad, nos dirigimos al punto de encuentro donde nos recogerían para comenzar la visita a Essaouira. El viaje, reservado con una agencia local de excursiones, se realizaba en una minivan con otras 6 personas. El conductor/guía que nos llevaba, hablaba muy bien en español y nos estuvo contando algunos datos interesantes de camino a Essaouira. Fueron casi 6 horas de camino en la que hicimos dos paradas.

La primera fue para que pudiéramos visitar una cooperativa de mujeres de argán. Aunque ya habíamos podido ver alguna durante nuestro tiempo en el desierto, es cierto que tuvimos la oportunidad de ver el proceso más detalladamente y explicado de primera mano por las mujeres que trabajaban allí. Fue toda una experiencia y aprovechamos para comprar un poco de aceite de argán y un tarrito de miel.

La segunda parada fue breve pero de lo más curiosa. Pudimos ver cómo las cabras subían a los árboles y se mantenían en las ramas del árbol de argán. Cuanto menos, fue toda una visión que no puedes perderte si vas a Marruecos.

Sobre mediodía, llegábamos a Essaouira. Un pueblo costero cuyo casco histórico es considerado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Conocido por seguidores de la serie Juego de Tronos y habiendo albergado a muchos famosos como Jimmy Hendrix, este lugar no necesita de nada para brillar por sí mismo. 

Comenzamos nuestra visita a Essaouira acompañados de un guía oficial que tuvo la amabilidad de acompañar a un grupo de españoles por sus murallas y callejuelas explicándonos la historia del lugar. Desde diferentes escenarios, pudimos conocer su historia y su idea de convivencia que cerca está de una utopía. No en vano es de los pocos lugares en el mundo que puede decir que es capaz de acoger a las tres grandes culturas del mundo en armonía durante años. Y es que en ella podemos ver cohesionadas raíces judías, cristianas y musulmanas. Fue una visita muy enriquecedora y a la vez instructiva desde un punto de vista cultural.

Pero si algo sobresale en Essaouira, a parte de su historia, es su gastronomía. No hay más que pasear un poco para descubrir que el producto estrella del pueblo es el pescado y los mariscos. Y a unos precios increíblemente baratos si te gusta este tipo de comida.

Nosotros nos decantamos por ir a la parte de la ciudad al lado del puerto pesquero donde hay puestos que ofrecen la pesca del día a precios increíbles. El sistema era muy simple. Miramos lo que queríamos, elegimos junto a un vendedor lo que nos apetecía y, tras pesarlo y estar de acuerdo en el precio, nos lo cocinaron en el momento y nos lo sirvieron en unas mesas alargadas que tienen. Nosotros nos decantamos por unos mejillones, unas ostras, unos erizos de mar, unas sardinas, una dorada, unos calamares y un poco de langosta. Todo por unos 10-15€ incluyendo bebida, pan y una ensalada para acompañar. 

Tras la pequeña mariscada, y aún teniendo tiempo hasta la salida de regreso, nos decantamos por dar un paseo por la playa. Está permitido bañarse, y de hecho verás a mucha gente haciéndolo si vas en verano. A nosotros, que no somos muy playeros, no nos apeteció mucho. Lo que sí nos sorprendió fue ver a las mujeres con trajes de baño de cuerpo entero bañándose con sus hijos separadas de los hombres. Nos dimos cuenta que no estábamos en nuestra casa y que las normas eran distintas. De hecho, es lo que suelo apreciar de los viajes, las formas distintas de ver el mundo que existen para poder entenderlas y tener una visión más amplia del mundo que me rodea. Sin juzgar, sólo aprendiendo.

Con lo que no pude resistirme, fue meter los pies en el océano Atlántico y disfrutar un poquito del agua fresca con las temperaturas altas que hay. Nuestro recorrido por el paseo marítimo nos llevó de vuelta a la ciudad y a sus callejuelas que te cubren del sol abrasador y que están llenas de mercados, talleres y tiendas artesanales. Allí, pudimos ver y comprar algún obsequio. Recuerda que sigue siendo un lugar donde se puede regatear, aunque a nosotros no se nos dio demasiado bien diría yo. 

El tiempo restante lo pasamos tomando un helado y escuchando a un grupo de música callejero que animaba una plaza hasta que fue el momento de volver al punto donde habíamos quedado para la vuelta. Nuestra visita a Essaouira llegó a su fin e iniciamos un camino de vuelta que fue largo pero que nos permitió absorber todo lo vivido y el paisaje de carretera que teníamos por delante.

A la vuelta, nos dejaron en el mismo punto de la salida. Decidimos que esa noche saldríamos un poco más ya que era nuestra última noche. Nuestro vuelo salía a media tarde por lo que no necesitábamos madrugar. Por eso, volvimos al riad para ducharnos y arreglarnos para cenar fuera y disfrutar de la noche en la medina. Era sábado noche y había mucho movimiento porque la gente venía de las afueras por el mercado y se juntaban en una especie de fiesta callejera en la plaza Jamaa el Fna. 

Cenamos un tajín en la misma plaza mientras nos dejábamos hipnotizar por el ruido, las luces y el alboroto. Porque si nos creíamos que esa plaza tenía movimiento durante el día, no fue nada comparado con el ambiente que vimos por la noche. Tras la cena, estuvimos dando vueltas por la plaza disfrutando de los puestos, las actuaciones y un helado que compramos en un puesto ambulante. Estuvimos bailando al son de tambores y música tradicional marroquí y disfrutamos de la noche hasta tarde, sin pensar en el día siguiente.

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