Cracovia, un viaje de 4 días sola para conocer la ciudad
Hace mucho que no escribo, que no he sentido la necesidad de usar este blog como diario de bitácora de mis pasiones: comer y viajar. Pero aquí estoy, volviendo a teclear para contaros un viaje: Cracovia, un viaje de 4 días sola para conocer esta ciudad preciosa de Polonia. Un país nuevo, una experiencia nueva, un descubrirme nuevo.
Preparativos
Se acercaba mi cumpleaños y tengo la tradición de disfrutarlo como más me gusta. Este año, por cercanía con la Semana Santa, tocaba hacer algo especial: un viaje para descubrir un nuevo lugar, pero también para descubrir algo nuevo de mí.
¿Cómo me decidí? Pues siguiendo mis propios consejos de cómo viajar y hacerlo más barato. Ahí encontré un vuelo muy económico a Cracovia, una ciudad (y país) que aún no conozco y también unos precios asequibles para alojarse y vivir la ciudad. Siguiendo la búsqueda del alojamiento, encontré un hotel con encanto llamado Nobilton Hotel, a 5-10 minutos de los rincones más conocidos de la ciudad.
Algo que no puede faltar en mis preparativos, especialmente si viajo al extranjero, es contratar un seguro de viaje. Mi recomendación es contratarlo con HEYMONDO y encima, si reservas a través de este enlace, te darán un 5% de descuento.

Cubiertos los mínimos, quedaba plantear qué haría allí y ponerlo en una lista de Google (porque sí, mi vida se puede encontrar en Google Maps). Puedes ver tú mismo el resultado de lugares qué visitar, cosas a hacer y restaurantes donde poder disfrutar de la comida más local.
Por último, y antes de pensar en el tiempo que haría y cómo reducir mi viaje de 4 días en una mochila de cabina, quedaba reservar el gran imprescindible del viaje: mi visita a Auschwitz-Birkenau y las minas de Sal Wieliczka del que te hablare más tarde.
Te recomiendo que, si tú también quieres ir, lo reserves con bastante tiempo, un mínimo de dos meses de antelación, o tendrás que hacer la visita en inglés cómo me tocó a mí.
Aquí te dejo el enlace de la visita que yo reservé.
Un poco de contexto…
Si algo me gusta cuando viajo es entender un poco más del contexto y la historia del lugar al que voy. Aunque siempre haga un free tour, está bien ir con unas ideas básicas del lugar y esto es lo que averigué.
Cracovia es una de las ciudades más grandes, antiguas e importantes de Polonia, y uno de sus principales centros económicos, científicos, culturales y artísticos. Durante gran parte de su historia fue la capital y, para muchos polacos, aún lo sigue siendo. Su centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1978, siendo uno de los primeros 12 lugares en la lista.

Existen pruebas arqueológicas que sugieren que la ciudad ya existe desde la Edad de Piedra con un primer asentamiento en la actual Wawel. Además, una leyenda atribuye su fundación al mítico gobernante Krakus, que la construyó sobre una cueva ocupada por un voraz dragón.
La leyenda dice que donde muchos caballeros fallaron, un zapatero llamado Dratewka lo consiguió. ¿Cómo? Alimentándolo con una oveja cargada de azufre que, después de devorarla y beber del río Vístula, lo hizo estallar.
Más allá de la leyenda, el primer registro escrito de la ciudad data del año 966, cuando el viajero sefardí Ibrahim ibn Ya’qub la describió como un importante centro comercial. Fue capital hasta 1596, cuando se trasladó a Varsovia tras un incendio en el castillo de Wawel, residencia real.

Pero si por algo es conocida Polonia, y por ende Cracovia, es por su época más moderna, llena de momentos históricos negros. Fue parte del imperio austrohúngaro, se proclamó independiente y fue invadida durante la época de la Alemania nazi. De hecho, Polonia desapareció como país durante 123 años. Que la ciudad conserve su patrimonio tras la II Guerra Mundial se debe a que Hitler la designó capital del Gobierno General bajo Hans Frank, lo que, paradójicamente, evitó su destrucción, a diferencia de Varsovia.
Por ello, su barrio judío y el antiguo gueto encierran gran parte de su historia, con figuras como Tadeusz Pankiewicz y Oskar Schindler. El primero ayudó desde su farmacia dentro del gueto, proporcionando asistencia y contrabando de información; el segundo empleó judíos en su fábrica, la Deutsche Emailwaren Fabrik, salvándolos de los campos de exterminio. Incluso el cineasta Roman Polanski fue uno de los supervivientes.

Primer día: free tour y vuelta de reconocimiento
Al llegar al aeropuerto, lo primero que hice fue ir a coger el bus 300 (también está el 902 dependiendo de a donde vayas) que me dejaba en la ciudad. Por 6 eslotis polacos (unos 1,45€), llegas a la ciudad en unos 30-40 minutos. Una forma súper cómoda y económica de llegar. También tienes el tren SKA1 por 9-17 eslotis (2-4€) que te deja en la estación central de la ciudad.

Si algo me gusta hacer nada más llegar a una ciudad es, tras el check-in, dar una vuelta para ubicarme y orientarme. Y en esto, Cracovia lo hace muy fácil ya que el casco antiguo y la original Cracovia está rodeada de un jardín llamado Planty donde antiguamente se situaban las murallas de la ciudad.
Todo se lo deben a Francisco José I, emperador autrohúngaro que se anexió la ciudad y el país y quería un gran jardín donde pasear. Además, es bastante fácil ubicar la calle principal, la plaza mayor y el castillo Wawel.
Tras una comida ligera en alguno de los puestos de comida rápida de la zona, me dirigí a la plaza de la Cruz donde estaba el inicio del primero de los dos free tours que haría en la ciudad. Eso sí, con un café en mano de Yellow Monkey debido al frío que hacía.
Aquí tienes el enlace al free tour que yo misma hice y que no puedo recomendar más.

Free tour
El recorrido pasa por el castillo y la catedral de Wawel, donde se repasan historias de reyes y momentos clave como la llegada de Francisco José I y la ocupación nazi bajo Hans Frank, quien convirtió el castillo en su cuartel. También se habla de la cultura polaca, no en vano dicen que ganarse a un polaco es para toda la vida y, si debo destacar algo, son las placas de quienes donaron dinero para devolverle su esplendor.
Al bajar, tocó hablar de las más de 120 iglesias de la ciudad y de las que ya no existen, como la de María Magdalena. Otra vez nuestro Francisco José I haciendo de las suyas y buscando plazas y espacios amplios. Además, aprovecharon para contarnos sobre Juan Pablo II, el papa polaco que, como yo, muchos de vosotros seguro que recordáis.

No extraña el número de templos si se tiene en cuenta que el 90% de los polacos son católicos y el 70% practicantes. Destacan la iglesia de San Pedro y San Pablo, la de San Andrés, la de San Bernardino de Siena, la Basílica de Santa María (de pago si no se va a orar) y la de San Adalberto (solo para rezar y sin fotos). Durante las misas no se puede visitar.
A través de la calle mayor (calle Grodzka) llegamos a la plaza Mayor donde nos está esperando el trompetero de la basílica de Santa María. Y es que, cada hora y todos los días, se toca una melodía incompleta de Hejnał Mariacki. Tocada por uno de los 8 bomberos voluntarios en la actualidad, el porqué dejaré que sea el guía el que te lo cuente. Allí también te contarán todo lo que debes saber de la plaza, la torre del Ayuntamiento y la lonja de los paños.
Cogiendo la calle Floriańska, y pasando antes por el mercado menor, acabamos en la puerta de San Florían (patrón de los bomberos y la ciudad) y la barbacana de Cracovia donde te cuentan sobre la muralla (y lo que queda de ella), cómo funcionaba la ciudad y cómo se defendía. Además, aprovechan para enseñarte dónde se encuentra un museo que después visitaré y de que te hablaré mucho, el museo Czartoryski.

Primera Cena
Al acabar el tour, y siguiendo una recomendación del guía, me dirigí a cenar a Kuchnia u Babci Maliny ya que casi todo estaba cerrado por festividad. Cené un plato típico polaco, el «Placki ziemniaczane» (tortitas de patata acompañadas por goulash) y una copa de vino por unos 15€ al cambio. Si no, también te recomendaría mucho la Taverna Wilczy Dół. Con eso, de vuelta al hotel donde descansar y coger fuerzas para el segundo día de este viaje sola a Cracovia.

Segundo día: free tour, interior de iglesias, momentos foodie
El segundo día de este fantástico viaje sola comienza en uno de los momentos foodie más chulos del viaje: desayunar en una librería.
Momento Foodie: desayunar en una librería
Sí, cómo lo oyes. Investigando para este viaje, encontré en el barrio judío una cafetería en el interior de una librería activa y, como amante del buen comer y la lectura, no podía perdérmelo. Además, los baños están tematizados sobre Harry Potter y Star Wars, una anécdota muy divertida.
Mi desayuno consistió en un desayuno polaco típico con huevos revueltos, queso, requesón, salchichas y un poco de ensalada. Todo acompañado de un buen café de especialidad y el lugar… Cytat Café. Muy recomendable y frente a una de las sinagogas que después visitaría en el tour.

Free Tour: barrio judío y gueto
Y después de un buen desayuno, toca conocer Kazimierz, el barrio «judío» de Cracovia con un free tour.
Del barrio Judío…
Para comprender mejor este barrio, es clave saber que originalmente fue una ciudad fundada en 1335 por el rey Casimiro III el Grande. A este monarca, Polonia le debe la creación de numerosas ciudades, concebidas estratégicamente para impulsar el comercio entre ellas, fortalecer los mercados y, en consecuencia, aumentar la riqueza del país.
Además, los judíos le deben mucho a este rey puesto que fue el único de Europa que no se sumó a las acusaciones contra ellos por la peste negra. Casimiro III entendió muy pronto que los judíos eran personas de negocios y con buena mano para la economía que harían que su reino prosperara. Sin embargo, en una sociedad profundamente católica, los conflictos religiosos eran inevitables y, para protegerlos, en 1495 fueron trasladados fuera del centro de Cracovia, aunque continuaron desarrollando allí sus actividades comerciales.
Desde entonces, Kazimierz fue dividida en dos mundos: el cristiano al oeste y el hebreo al este. Con el tiempo, este barrio se transformó en el gran corazón espiritual y cultural del judaísmo en Polonia. Durante siglos, sus calles se llenaron de iglesias y sinagogas, reflejo de una convivencia pacífica entre polacos cristianos y judíos. Aún hoy día, pasear por Kazimierz es descubrir cómo esa historia sigue viva, con sinagogas e iglesias compartiendo el mismo paisaje urbano.

Prueba de ello son las cuatro grandes sinagogas que se pueden ver hoy día: la sinagoga «vieja», convertida en un museo dedicado a la historia y cultura judías en Polonia; la sinagoga Popper, llamada así por su fundador, un rico comerciante que hizo prosperar la comunidad ashkenazí y que hoy alberga un centro cultural para jóvenes judíos, una galería de arte y una librería; la sinagoga Remuh, la única que sigue en activo, construida por Israel Isserles en honor a su hijo, un destacado rabino que descansa en el cementerio contiguo, y la sinagoga Tempel, la más moderna, concebida como un espacio abierto y renovador que busca acercar la cultura judía a la comunidad, rompiendo con el tradicional carácter ortodoxo.
Además, recorriendo sus calles descubrirás la historia de Helena Rubinstein y su primer hogar. Una de las mujeres más ricas del mundo (y judía) fue la fundadora de HR Cosmetics y una auténtica pionera de la industria de la belleza: popularizó los polvos compactos con espejo, el maquillaje resistente al agua y otros productos que hoy forman parte de nuestro día a día. Mujer visionaria, se trasladó muy joven a Australia, donde comenzó una de las fortunas más espectaculares y menos predecibles de la historia. Y, sin embargo, apenas se hace referencia a ella en toda la ciudad…
Durante la visita también descubrirás rincones como Okrąglak, un antiguo matadero comunitario de animales que hoy se ha reinventado para convertirse en un animado punto de encuentro lleno de puestos de comida, bares y pubs, perfecto para disfrutar del ambiente nocturno tan característico de Polonia. Sin duda, es el lugar ideal si te apetece una copa con música y buen ambiente.

Pero Okrąglak no solo vive de noche. Durante el día, en su interior, esconde una faceta más tranquila que muchos pasan por alto: un café y pequeño local donde degustar comida tradicional polaca, con sopas caseras y pierogis. Sí, las típicas empanadillas rellenas de patata, queso, chucrut, carne o frutas, cocidas y a menudo salteadas con mantequilla y cebolla. De hecho, fue allí donde comí… y no puedo más que recomendártelo.
Consejo Foodie: Apuntate Jatka 2.0 Food Hall si quieres una buena comida polaca a precios muy asequibles y en el corazón de un antiguo matadero.
…Al Gueto
Dejando atrás el barrio judío, atravesamos el pasaje que aparece en La lista de Schindler, escenario de una de las escenas más crudas —y fieles a la realidad— de la película. Un lugar que actúa casi como antesala emocional de lo que viene a continuación: la visita al antiguo gueto judío.
De camino al puente del Padre Bernatek, la silueta de la basílica del Corpus Christi se alza en el camino. Este templo católico, presente desde 1370, nos recuerda que hubo un tiempo en que este barrio fue un espacio de convivencia entre culturas y religiones, una mezcla que aún hoy se intuye entre sus calles.
Una vez cruzamos el Vístula, el ambiente cambia por completo: se vuelve más denso, más sobrecogedor. Entramos en lo que un día fue el gueto de Cracovia, donde miles de personas perdieron la vida y muchas otras fueron deportadas a campos de concentración y exterminio. Todo empieza cuando el guía explica cómo entre 15.000 y 20.000 judíos fueron reubicados en Podgórze, ocupando las viviendas de unas 3.000 personas que, a su vez, fueron expulsadas. Poco después, se levantaron muros que supuestamente “protegían” al resto de la población polaca.

Durante el recorrido, nos señaló lugares clave como el hospital o el orfanato, y nos cuenta las duras condiciones de vida, las selecciones y deportaciones. También aparecen historias humanas y de esperanza en medio del horror, como la de Tadeusz Pankiewicz, el farmacéutico que se negó a abandonar su negocio y ayudó a quienes más lo necesitaban. Muy cerca, la antigua fábrica de Schindler recuerda cómo algunos lograron salvarse, y aún hoy pueden verse fragmentos del muro original del gueto.
La visita termina en la plaza de los Héroes del Gueto, escenario de selecciones y deportaciones. Hoy, 70 sillas dispersas por la plaza evocan aquel episodio oscuro, convirtiendo el espacio en un poderoso memorial que invita a la reflexión. O al menos espero que ese sea tu caso como fue el mío.
De regreso al centro de Cracovia, y si te atraen los lugares con alma, puedes hacer una parada en Singer: un local peculiar donde tomar algo rodeado de máquinas de coser antiguas, muy cerca del mural “Plaza Nueva, el corazón de Kazimierz”.

Momento Foodie: merienda mágica
Yo, sin embargo, tenía otros planes en mi viaje sola de 4 días en Cracovia, una buena merienda dulce y llena de mucha magia.
Como lo lees. En el sótano de uno de los edificios de la calle Grodzka, se encuentra Dziórawy Kocioł o The Leaky Cauldron (el caldero chorreante), un lugar mágico y muy bien ambientado donde disfrutar de una merienda al más estilo Harry Potter. Y claro… como niña que creció con los libros y las películas, no podía saltarme este momento.
Aquí tienes la carta que, gracias a la aplicación, puedes tener en español e incluso pagar directamente si lees el código QR desde tu mesa. Como si de magia se tratara, aparecerá la camarera con tu pedido.

Iglesias y cena imprevista
Una vez lleno el estómago y descansado un poquito, y nuevamente en el centro, aproveché para entrar en algunas iglesias que aún no había visitado. También fui a explorar tranquilamente el castillo de Wawel y visitar su célebre dragón.
Por último, disfruté de la plaza mayor y vi su lonja de los paños y disfruté de una cena improvisada en el mercadillo que tenían justo al lado: una buena sopa, unos pierogi caseros y una cerveza polaca. Lo que más me gusta de las ciudades europeas son sus mercados y festivales al aire libre con comida y puestos de artesanía y Cracovia no iba a ser una excepción.

Tercer día: Auschwitz y las minas de sal de Wieliczka
Para el tercer día de mi viaje de 4 días sola en Cracovia, me decidí por hacer una visita a los campos de concentración y exterminio Auschwitz-Birkenau y las minas de Sal de Wieliczka, patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.
Como tenía poco tiempo, ya que reservé el viaje con un mes de antelación, y para no complicarme mucho, me decanté por una visita con guía y acompañante que se encargaran de todos los detalles por mí.
Si quieres más detalles, te recomiendo que mi visita a Auschwitz y las minas de sal de Wieliczka

Cena Tradicional Polaca
Ya de vuelta en Cracovia, aproveché para probar un restaurante polaco tradicional que había encontrado en mis días por la ciudad.
El restaurante, situado justo al lado del consulado español, se llama Miód Malina o en castellano «miel de frambuesas«. Al parecer, en polaco, esta expresión hace referencia a algo que es una maravilla, es estupendo… Vaya, un nombre que, como decimos en España, «le queda como un guante».
Lleno de platos tradicionales del país, su sopa está espectacular y más aún después de un día tan largo y emocionalmente intenso.
Último día: Museo de Czartoryski y últimos descubrimientos foodies
Empezar el último día en Cracovia tuvo un significado especial. No todos los días se cumplen años en el extranjero. Si has leído algo sobre mí en el blog, ya sabrás que es una de mis fechas favoritas, así que no podía dejarla pasar sin celebrarla como se merece: con no uno, sino dos festines gastronómicos… y una visita muy especial.
Desayuno dulce
No puedes visitar Cracovia y no visitar la Pijalnia czekolady E. Wedel, o salón del chocolate, en la plaza Rynek Główny.
Lugar de peregrinación para los amantes del chocolate en todas sus variables, este salón pertenece a la marca más antigua de chocolate de Polonia y es símbolo de refinamiento y buen hacer.
Sus inicios se remontan a Karol Wedel, un alemán que comenzó su negocio de delicatessen chocolateras en 1851 en la calle Miodowa, en Varsovia. De aquel primer local, sin embargo, hoy solo queda el recuerdo y las imágenes, ya que fue destruido durante la II Guerra Mundial. Aun así, su legado y la huella que dejó en la cultura polaca siguen muy presentes.

En los años 30 del siglo XX, la marca se expandió a ciudades como Cracovia y, tras la guerra, la empresa fue nacionalizada. No sería hasta 1989 cuando volvió a privatizarse, pasando más adelante a formar parte del grupo japonés Lotte.
Pero aquí hemos venido a hablar de lo importante: sus sabores. Y hay que reconocer que la fama está más que merecida. Si eres de los que dudan, te lo ponen fácil: puedes elegir el nivel de amargor del chocolate —negro 70–80 %, negro 60–50 %, con leche o blanco— o incluso animarte a probarlos todos en formato degustación.
Consejo Foodie: El lugar suele llenarse y hay colas para merendar, pero si vas a la hora del desayuno (9-10h) no hay practicamente nadie.

Museo de Czartoryski
Fundado en Cracovia en 1796, el museo de Czartoryski fue obra de la princesa Izabela Czartoryska con la intención de preservar el patrimonio polaco bajo su lema personal: «El pasado para el futuro». Por tanto, no sólo hablamos de un museo sino de un legado cultural y de identidad de Polonia.
Los primeros objetos en el entonces llamado Templo de la Memoria fueron trofeos que conmemoraban la victoria contra los turcos del s. XVII. El Museo también contiene objetos históricos de los tesoros de la catedral de Wawel y del castillo Real. Además, en su momento, Izabela también obtuvo una serie de reliquias de significado sentimental, como una silla supuestamente procedente de la casa de William Shakespeare, o las cenizas de El Cid y Jimena de la catedral de Burgos. Hoy día no se pueden ver, ya que se perdieron en el tiempo.



La verdad es que la colección ha sufrido múltiples peripecias, especialmente durante la II Guerra Mundial y el posterior régimen comunista y no fue hasta 1991 que la propiedad del museo retornó a manos de la familia Czartoryski. Estos lo mantuvieron abierto al público bajo la gestión de una fundación, hasta que a finales de 2016 el príncipe Adam Karol Czartoryski firmó un acuerdo de venta del conjunto al gobierno polaco.
Hoy día, el principal tesoro de la institución es el cuadro La dama del armiño de Leonardo da Vinci, pero también tiene otros grandes objetos como un paisaje de Rembrandt o una colección de porcelana japonesa muy impresionante.
La visita te llevará una hora y media aproximadamente y puedes comprar tu entrada online o allí mismo por unos 15€ (precios 2026).
Una comida 100% local
Y con la visita, sólo quedaba darme un último pequeño festín en Morskie Oko.
Te recomiendo que lo visites de noche para disfrutar de la música en directo de las montañas.
Situado en una casa adosada de estilo Art Nouveau en la plaza Szczepański, te recordará a una posada montañesa. En su propia página web, ya lo dicen: nació de una combinación de amor y pasión por la cultura y la tradición de Zakopane.
Centrados en comida local montañesa sin florituras, pero con un muy buen saber hacer, destacan sus albóndigas y sus pierogis así como, según cuentan, sus postres caseros.
Y si, como yo, eres de los que disfrutan probando bebidas locales, anímate con unos vinos polacos o atrévete con el hidromiel de cereza o de ciruela.

Si te ha gustado esta guía de viaje a Cracovia en 4 días sola, o crees que te queda corta y quieres organizar más detalles y visitas, te dejo aquí todas las excursiones y visitas que puedes encontrar y así ayudas a que este blog siga.



