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CERDANYA, UN VIAJE A LA MONTAÑA CATALANA

Cataluña tiene parajes increíbles tanto de mar como de montaña, pero es inevitable que si hablamos de invierno, la mayoría de los catalanes te nombraran una comarca por encima de todas para un viaje y esa es La Cerdanya, la zona de montaña catalana pegada a los Pirineos. No en vano tiene en su territorio 6 pistas de esquí y con fácil acceso a otras de los alrededores. Además, no sólo puedes esquiar sino que también realizar otras actividades deportivas como BTT, senderismo o, simplemente, disfrutar del entorno idílico para los amantes de la montaña.

ORGANIZANDO EL VIAJE 

Es por eso que el año pasado, tras comentar de hacer un viaje con un grupo de amigas, nos decantamos por esta comarca para un fin de semana juntas.

Cuando nos pusimos a organizar qué haríamos, seguimos los pasos de mi artículo sobre cómo organizar un viaje y comenzamos con el alojamiento. Puesto que la familia de una de nosotras tenía casa por la zona, en el municipio de Alp, esto quedaba resuelto. El tema de dónde comer también lo solucionamos reservando para comer en un par de restaurantes que todas teníamos muchas ganas de probar y que os comentaré en este artículo. El resto, compraríamos comida para hacer en la casa. Por último, quedaba saber qué haríamos en la zona y nos organizamos un par de rutas muy interesantes y que seguro que os encantarán. Dicho y hecho. Un viernes tarde cogimos nuestras mochilas, nos montamos en el coche y como si de una película con buena banda sonora se tratara, nos dirigimos a Alp para nuestro fin de semana de chicas.

La primera noche que pasamos allí queríamos hacer algo simple y disfrutar de la noche tranquilamente por lo que nos fuimos al supermercado más cercano y compramos lo necesario para hacer tortilla de patatas acompañada de unos embutidos de la zona, un poco de queso, una ensaladita y un buen vino. No necesitamos más. Tras encender la chimenea, pasamos el rato alrededor del fuego. Todos sabemos que cuando hay buena compañía y conversación, no se necesita más.

PRIMER DÍA

El primer día madrugamos para desayunar fuerte y dirigirnos a la ruta que nos habíamos planificado. Si bien es cierto que el fin de semana no iba de estar a tope visitando lugares, sí que nos apetecía aprovechar lo que la zona nos ofrecía así que tras vestirnos para la ocasión, nos fuimos a la estación de esquí de Lles donde íbamos a hacer raquetas. 

Para aquellos a los que el término os suene más a tenis que a deporte de invierno, hacer raquetas en la nieve se podría decir que es hacer senderismo en la nieve. Las raquetas son unos utensilios (con forma de raquetas de ahí su nombre) que se acoplan a las botas de montaña y sirven para desplazarse sobre la nieve más cómoda y rápidamente. Esto es debido a que distribuye tu peso sobre una superficie más grande, impidiendo que tus pies se hundan por completo y pareciendo que “flotes” sobre la nieve.

Tras una subida en coche acompañadas de unas vistas espectaculares, nos dirigimos a la caseta de información donde alquilamos las raquetas por 5€ por persona y nos dieron información sobre las rutas que podíamos seguir y que estaban perfectamente marcadas durante el recorrido.

Como nosotras no éramos expertas y teníamos reserva para comer, nos decantamos por una ruta de un par de horas ascendiendo por la montaña ligeramente hasta llegar a un lago (que estaba helado) y bajar por la otra ladera. Nada excesivamente difícil para alguien amateur como nosotras y con paisajes y espacios que nos hacían parar a cada momento.

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WANDERCONSEJO: Si decides ir, revisa el tiempo para que no te pille un día de mucha nieve ya que dificulta la visión de las rutas, sobre todo si no eres un experto. Además, recuerda que estás en la montaña con nieve por lo que debes llevar ropa y calzado que te abrigue y sea impermeable.

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La parte más compleja de nuestra ruta quizá fue la transición entre la subida y la bajada que se hace rodeando el lago helado y que tuvimos que realizar con tranquilidad y guardando distancias ya que no dejábamos de caminar sobre hielo. Por lo demás, la ruta fue muy fácil de seguir y no nos requirió mucho esfuerzo. Igualmente, hay rutas de colores distintos con dificultades diferentes por lo que seguro que encuentras la tuya.

La mejor parte de la ruta fue no sólo la compañía y las risas sino que se puso a nevar suavemente y eso hizo de la experiencia, una mágica e inolvidable. Más si tienes en cuenta que una de nosotras (y no, no era yo) veía la nieve y, por tanto nevar, por primera vez en su vida. 

Tras llegar a la caseta desde donde comenzamos, dejamos las raquetas y volvimos a coger el coche para dirigirnos al punto central del día, la hora de comer.

Para el primer día reservamos en el Hotel Rural Fonda Campi, regentado por Pau y Lourdes, una pareja joven super acogedora que han sabido mantener la tradición del lugar y de su gastronomía dándole su toque personal que la hacen irresistible. El lugar en sí mismo (también es un hotel rural) bien merece una visita, pero si le sumas que mantiene su encanto original a una comida de 10, no puedes más que desviarte de tu ruta.

Para comer, pedimos unos aperitivos para compartir y sopa para aquellas que querían entrar en calor y de plato principal un arroz de montaña con setas de temporada y carne blanca. Super sabroso y perfectamente cocinado, fue una maravilla disfrutar de este arroz entre amigas. Un buen vino (excepto para la que conducía) y unos postres típicos al final y no puedo imaginar mejor forma de acabar una ruta con raquetas, ¿y tú?

Tras la sobremesa y una pequeña vuelta por el pueblo, nos dirigimos de vuelta a Alp para una ducha y una tarde de relax. La nieve persistía y no tenía pinta de que fuera a aflojar así que nos decidimos por una tarde de yoga, películas y charla mientras veíamos nevar por la ventana. Una estampa idílica que repetiría mil veces sin dudar.

Para cenar, seguimos un poco la filosofía de la noche anterior con un poco de sopa, embutidos y pan con tomate para rematar lo que fue un día perfecto.

SEGUNDO DÍA

Para nuestro segundo día, nuestra intención era visitar una parte de Francia que es fantástica y hacer una pequeña ruta caminando hasta una zona de baños abiertos. Y os preguntaréis cómo podíamos tener el valor de querer bañarnos al aire libre en noviembre tras haber hecho raquetas en la nieve el día anterior. Fácil. Los baños eran termales.

Como oyes. En la parte francesa de La Cerdanya, y a unos 40 minutos en coche de Puigcerdá, se encuentra una zona de baños termales naturales que hacen las delicias de aquellos que los conocen, así que nos levantamos esa mañana, nos pusimos el bikini bajo nuestra ropa de abrigo, desayunamos y cogimos el coche camino a Francia pasando por la capital de la comarca, Puigcerdá.

Para llegar, no existen realmente señales indicativas porque no tienen nombre como tal. De hecho, mucha gente suele confundirse con Els Banys de Saint Thomas que se alimenta del mismo agua termal sulfurosa y cargada de minerales muy beneficiosa para la salud. La gran diferencia entre ambas es que mientras a las que fuimos están en la naturaleza y son totalmente gratuitas, las segundas son un balneario por lo que son de pago y están señalizados.

A continuación trataré de daros las instrucciones que teníamos nosotras y con las que conseguimos llegar con bastante facilidad. Desde Puigcerdá, nos dirigimos hacia Fontpédrouse (en Francia) por la N-152 que se convierte en la N-116, una carretera con bastantes curvas. Una vez llegamos a la entrada del pueblo, giramos a la derecha y cogimos la carretera D-28 dirección Prats-Balaguer (donde también vimos indicaciones de Banys St Thomas). En esta carretera y tras 5-10 minutos de ascenso (las indicaciones de los baños St. Thomas quedan a la derecha y nosotras seguimos la carretera), encontramos unos pocos coches aparcados en la calzada de la carretera estrecha y esa fue la señal que necesitábamos para saber que estábamos en el lugar correcto.

Vimos entonces un sendero en el margen izquierdo según ascendimos sin indicaciones por el que se accede al camino hacia las termas tras una caminata de unos 15-20 minutos bastante fáciles de llevar. Eso sí, si no vas muy cargado. De hecho, es una zona de acampada libre por lo que no te extrañes si ves tiendas de campaña y gente por ahí comiendo o charlando. 

El camino baja desde el punto de partida donde cruzamos el pequeño riachuelo que había y tras cruzar, giramos hacia la izquierda y seguimos el camino hasta que las encontramos un poco más abajo a la izquierda. No tuvo mucha pérdida. 

Si no lo encuentras, puedes preguntar a cualquiera para que te den indicaciones. Y, sobre todo, prepárate para acceder a un lugar de cuento.

Lo primero que nos indicó que habíamos llegado fue el olor. Algunos dirían que es olor a huevo podrido pero lo que en realidad hueles es el azufre que lleva el agua y que en parte es el causante de su temperatura. Puede resultar desagradable al principio, pero enseguida te acostumbras. 

Lo segundo que notamos fue el paisaje y el efecto de choque térmico del agua. Como ésta sale prácticamente hirviendo, se aprecia una especie de neblina saliendo del agua. Esto es normal si cuentas con la diferencia térmica entre la temperatura del agua y el exterior. Para que te hagas una idea, nosotras estábamos a unos 5º en el exterior (abrigos de nieve incluidos) y notamos una subida repentina de temperatura en la zona. El humo que se aprecia se debe por tanto a la evaporación del agua al contacto con el exterior.

Lo último que vimos fue que había distintas “piscinas” en cascada descendente donde la temperatura del agua también descendía de una a otra piscina. Cuando nos quedamos en bikini preparadas para el baño, no pudimos entrar en la primera y más cercana porque el agua estaba sumamente caliente. Lo ideal es meterse en las piscinas del medio que, precisamente por esa razón, son las más concurridas.

Lo cierto es que disfrutamos de una piscina termal natural y todo el entorno para nosotras solas (había muy poca gente y en la piscina que estábamos no se metió nadie más). Disfrutamos de un momento de relax y recuperación durante un par de horas que fue la mejor forma de acabar el fin de semana.

Tras un rato, nos secamos, vestimos y nos dirigimos con el coche a nuestra segunda reserva antes de bajar de vuelta a Barcelona. Para ello, y tras llegar a un rápido consenso, reservamos en La Formatgeria de Llívia. Un lugar muy especial tanto por su gastronomía como por su excéntrica ubicación.

La Formatgeria de Llívia está, como bien indica el nombre, en Llívia. Y os preguntaréis qué tiene de especial que esté situado en esta localidad. Pues mucho. Resulta que Llívia es el único pueblo catalán que se encuentra en territorio francés. Bueno, más bien rodeado de él. ¿Y cómo puede ser? Pues debido al tratado de los Pirineos de 1659 por el que España y Francia acordaron el reparto de los territorios pirenaicos y en los que España se quedaba con este municipio situado dentro de Francia. De hecho, para ir tienes que cruzar la frontera franco-española dos veces.

Si esto no es de por sí suficientemente curioso, La Formatgeria (o quesería en castellano) está situada en una antigua fábrica de quesos que sus dueños Marta y Juanjo acondicionaron para ofrecer un restaurante donde el queso fuera el centro de todo rodeados de un paraje excepcional y donde además se sirviera su particular proyecto gastronómico que atrae tanto a españoles como franceses.

Nosotras disfrutamos de una fondue de queso de setas, muy de la temporada, y pedimos unos platillos para compartir como el steak tartar para acompañar la fondue que era la razón de nuestra visita. No llegamos a tomar postre porque estábamos llenas, pero sí disfrutamos de un café con un bombón en su terraza admirando el paisaje de los pirineos de fondo.

Cuando acabamos, nuestro viaje llegaba a su fin al igual que nuestro fin de semana. Sólo nos quedaba pasar por casa para recoger las mochilas y poner rumbo a Barcelona donde nuestra pequeña gran aventura finalizó.

Sin duda, un fin de semana que no olvidaré tanto por la compañía como por la espectacularidad de los parajes y la alta cocina del entorno de la que pudimos disfrutar.

Y tú, ¿conoces algunos rincones como estos que vivimos? ¿Dónde se encuentran? Si tienes dudas de los lugares que he comentado en el post, escríbeme un comentario y las resolveré encantada.

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