Visita a Auschwitz y las minas de sal de Wieliczka
Desde que decidí viajar a Cracovia por mi cumpleaños, había una cosa que tenía clara. No podía visitar Cracovia sin hacer una visita a Auschwitz y minas de sal de Wieliczka. La primera por todo lo representa; las segundas por ser de los primeros lugares Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Auschwitz-Birkenau I-II
Como tenía poco tiempo, ya que reservé el viaje con un mes de antelación, y para no complicarme mucho, me decanté por una visita con guía y acompañante que se encargaran de todos los pormenores por mí.
La visita comienza temprano, con recogida en un punto específico, y te llevan a los campos directamente. Allí, te dan las entradas nominativas (importantísimo que lleves tu DNI o pasaporte para acceder) y te aconsejan que vayas al baño y a comer algo. Dentro del recinto no hay ni baños ni se puede comer o beber (o fumar), salvo que sea agua.

La visita se realiza con un guía oficial y, desde el inicio, te recuerdan que no solo es un museo, sino un monumento mundial y que lo que vas a visitar es una parte de la historia muy negra, ya que Auschwitz fue el campo de exterminio más grande de toda Europa. Allí se estima que fallecieron más de 1,1 millones de personas (mayoritariamente judíos). Sin embargo, no existen cifras exactas.
En el mismo recorrido, incluso habrá momentos en los que no podrás hacer fotos, ya sea por el gran impacto que pueden suponer o por guardar la intimidad y dignidad de aquellas personas que vivieron esos horrores.
Para mí, la visita es súper recomendable, aunque es dura. Creo que no he visitado algo tan impactante en mi vida, pero soy de la firme creencia de que los momentos oscuros de la Historia no deben verse de lejos, sino de cerca para que no vuelvan a repetirse.

Tras la primera visita de unas 2 horas y media, te llevan al segundo campo (si vas con excursión programada) donde continúa la visita otra hora y media aproximadamente.
Aquí, verás cómo los nazis construyeron un campo de unas 3 hectáreas con 4 cámaras de gas y sus correspondientes crematorios que mataban unas 6.000 personas cada 15 minutos. Para ello, echaron de sus casas a todo un pueblo y guardaron con sumo secreto todo lo que allí ocurría. Incluso se extendieron las vías de tren para que las personas fueran directamente al final donde les esperaba su trágica muerte.
En el recorrido incluso te cuentan que cuando los soldados soviéticos entraron y liberaron a los pocos prisioneros que quedaban (unos 750), tal fue el horror de lo que presenciaron que les afectó profundamente. Y eso que llevaban años viviendo una guerra mundial…
Si prefieres visitar sólo los campos, aquí te dejo la excursión

Minas de Sal Wieliczka
Tras esta visita, y una parada para comer un bocata que llevaba, nos llevaron a las minas de Sal de Wieliczka, uno de los 12 lugares del mundo que primero entraron en la lista de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1978.
La visita durante unas 2 horas y recorre diferentes túneles que van de los 64 m de profundidad a los 135 metros mientras te cuenta cómo funcionaban. Allí verás lagos salados, formas diferentes de extracción de sal e incluso una capilla de sal en la que podrías casarte.
La visita comienza bajando unos 380 escalones (sí, es duro empezar así), pero la temperatura se mantiene estable en unos 16-18º, por lo que hace todo más ameno.

Como curiosidades, tiene 9 niveles, 245 km de galerías y su profundidad máxima es de poco más de 300 metros.
Su explotación empezó ya en la prehistoria con fuentes de agua salada. A lo largo de su historia, debe uno de sus momentos de esplendor a Casimiro III El Grande, que aprovechó los beneficios de esta gran mina para transformar un país de madera en piedra y, entre otras mejoras, fundó la Academia de Cracovia, la primera universidad de Polonia.
Ya en el s. XV, la mina era famosa en Europa y algunos turistas comenzaron a visitarla, como Nicolás Copérnico en 1493.
Será durante la época en la que Polonia (o parte de ella al menos) perteneció al imperio austrohúngaro que se expandió su desarrollo con la extracción con ayuda de pólvora, construyendo una línea de ferrocarril subterránea y otros avances que la ayudarían a largo plazo. Ya también empezó a coger más forma su explotación desde un punto de vista turístico.

Pero seguramente, el punto álgido de la visita está a 101 metros de profundidad, en la capilla de Santa Kinga (patrona de los mineros), la iglesia subterránea más grande del mundo, con 12 m de alto, 18 m de ancho y 54 m de largo. Realizada por sólo 3 mineros y donde todo es sal: desde el suelo y las paredes, hasta las intrincadas lámparas de araña y las esculturas (incluida una del papa Juan Pablo II).
La vuelta del centro de la Tierra se hace por unos ascensores hipermega rápidos de madera (como casi todo lo que verás distinto de sal) y arriba te espera el guía chófer para llevarte de vuelta a Cracovia.
Aquí tienes la visita si sólo quieres visitar la mina.




