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LAS GRANJAS DE BARCELONA, UNA MERIENDA PERFECTA

Si algo me producen las bajas temperaturas son las ganas de una buena merienda dulce en un lugar acogedor. Es por eso que hoy vengo a hablarte de las granjas en Barcelona, la merienda perfecta si estás por la ciudad de paseo. Pero mejor si esa tarde es otoñal o invernal para refugiarte en los sitios que hoy te traigo. Porque, ¿alguna vez te habías preguntado de dónde viene que las llamemos granjas a esas cafeterías antiguas y llenas de encanto?

LOS INICIOS DEL CONSUMO DE LECHE

Pero como toda buena historia, comencemos por el principio. Y su inicio está unido a los del consumo de la leche. Porque no, querid@ mí@, la leche no es un alimento que hayamos consumido regularmente desde tiempos remotos. Más bien es una tendencia del último siglo y medio. ¿A que resulta llamativo? Sigue leyendo que te lo cuento.

El consumo de leche tal y como lo conocemos hoy día se inició en el último tercio del siglo XIX. De hecho, antes de eso, las personas apenas tomaban leche en el campo y era imposible que lo hicieran en la ciudad. ¿Por qué? Hablamos de un alimento que debía consumirse prácticamente al momento de ser obtenido y, si no, hervido y refrigerado. Y como ambos sabemos, la pasteurización y la refrigeración de alimentos no existía para entonces.

¿Entonces qué pasó? Pues que poco a poco se empezó a extender la idea de que la leche tenía propiedades curativas y comenzó a popularizarse. De hecho, a Barcelona esta tendencia llegó desde Perpiñán pasando por Girona primero. 

LAS VAQUERÍAS EN LA CIUDAD

El aumento de la leche comenzó con la modificación en la alimentación de los niños. Se modificó su habitual desayuno de cacao disuelto en agua (chocolate) por leche con cacao. Posteriormente, se estableció también entre los adultos popularizándose el consumo del café con leche por aportar alimento y energía para aguantar la jornada laboral. Porque para entonces, querid@ lector@, se había conseguido la jornada laboral de 8 horas y los descansos eran de menos tiempo. Ya no se podía almorzar platos de legumbres y comidas más copiosas. Ahora, tomabas un café con leche y aguantabas hasta la hora de la comida.

Pero entonces, ¿cómo se conseguía leche fresca del día para el consumo de la misma en las ciudades, concretamente en Barcelona? Pues trayendo su fuente a la ciudad. Como lo oyes, Barcelona comenzó a tener lo que se denominaron vaquerías. Unos establos donde se guardaban las vacas para ser ordeñadas diariamente. Unas 20 vacas por vaquería hasta un total de unas 600 que tuvo la ciudad y que suponían unas 10.000 reses en total.

Como puedes imaginar, una gran cantidad de vacas y de espacio. Pero necesarias para dar abastecimiento al creciente consumo existente.

Y LLEGAN LAS LECHERÍAS

Ahora sabemos cómo comenzó a haber leche en la ciudad. Pero, ¿cómo se distribuía? Bueno, era de suponer que tras el auge de las vaquerías, tenía que existir un lugar donde comercializar con la leche para llegar a los consumidores. Y ahí fue donde nació el negocio de las lecherías.

En algunos casos eran los propios dueños de las vaquerías que tenían un pequeño despacho para venderla. En otros, como el de la Granja Viader, sólo comercializaban con ella. Comenzó a popularizarse tanto que pronto se hizo evidente que había un problema de salubridad en la ciudad.

De hecho, casi al mismo tiempo del apogeo de vaquerías y lecherías, se produjo el auge de los retractores de mantener a los animales en la ciudad dadas las cantidades de escrementos y parásitos que generaban, pero también de la cantidad de espacio que requerían en una ciudad que estaba en continuo crecimiento.

SE CONVIERTEN EN GRANJAS

Es en ese clima de hostilidad y preocupación que a un tal Marc Viader (un antepasado de los actuales regentes de la Granja Viader) se le ocurrió una idea. ¿Por qué, además de vender la leche, no la servimos en el local también? Y además le cambiaron el nombre a “granjas”. 

Para entonces, la leche que se producía, debía ser calentada en casa (pasteurizada) y consumida en el plazo de pocas horas ya que no existía refrigeración. Pues a nuestro amigo Viader se le ocurrió que podría crear un negocio de “pasteurización” y servicio de productos lácteos donde la leche fuera la estrella. Y tal fue el éxito que a día de hoy siguen en el mismo lugar y con el mismo negocio. Pero no nos adelantemos.

Aunque la idea fue de Viader, pronto otras lecherías encontraron una forma de diversificar y generar más ingresos con esta idea y se popularizó la idea de no sólo la venta sino también el consumo en el local. Y así fue cómo las lecherías pasaron a ser las granjas tal y como las conocemos hoy día.

TRANSFORMACIÓN DE LAS GRANJAS

Pero el peso de los cada vez más detractores de las vaquerías se hizo tal evidente que, comenzando a principios del s.XX, y acabando finalmente en 1984 con la última en Gràcia, las vaquerías fueron expulsadas y trasladadas a las afueras de la ciudad.

Pero entonces, ¿qué pasó con las lecherías y las granjas? ¿Si no tenían la leche fresca al alcance y aún no se había extendido su pasteriorización y envasado refrigerado, cómo se seguía consumiendo?

Aquí es donde vuelve a aparecer en escena nuestro amigo Marc Viader. Resulta que en 1930 crea la empresa LETONA, la primera empresa en pasteurizar y envasar la leche tal y como la conocemos hoy día. Bueno, no exactamente, pero te haces una idea, estoy segura.

Sin las vacas cerca por orden municipal y con el aumento cada vez mayor de la leche (tras la Guerra Civil Española su consumo se disparó enormemente), las lecherías fueron perdiendo fuerza y desapareciendo, pero no así las granjas. Estas convirtieron el servicio de leche y otros derivados en su principal fuente de ingresos y relegaron la venta de la leche a los ultramarinos y otros lugares. Pasaron a convertirse en las cafeterías que son hoy día, ofreciendo no sólo leche sino chocolate a la taza, bollería, nata montada y un sinfín de delicias cuyo ingrediente estrella sigue siendo la leche.

RECOMENDACIONES

Pero si te he contado todo esto de las granjas de Barcelona y sus antecedentes es porque quiero hablarte de mi top 3 de las granjas para una merienda perfecta en la ciudad.

GRANJA VIADER

Pocas cosas más puedo contarte de esta granja que forma parte de la historia de la ciudad. Sin embargo, me he guardado la más importante de todas y es que si has crecido en España, especialmente en Cataluña, habrás crecido conociendo y bebiendo el Cacaolat. Este batido de chocolate fue creado, y distribuido desde entonces, por los Viader en 1931 bajo su empresa LETONA.

Su pequeño establecimiendo se encuentra en el Carrer d’en Xuclà, en el corazón del Raval y muy cerca de las Ramblas. Es un rincón con mucho encanto dividido en dos zonas bien diferencias: la zona de cafetería donde degustar todas las delicias que hacen con la leche de su granja en Cardedeu y el despacho con embutidos, quesos y demás derivados que ellos mismos fabrican.

Su chocolate a la taza y su bollería están extremadamente exquisitos y su producto estrella, el Cacaolat, es una delicia que no debes pasar la oportunidad de degustar. Tampoco te olvides de su nata montada, su leche marlloquina o su vaso de leche fresca. Toda su carta está pensada por y para los amantes de la leche.

Son super amables y se nota que existen lazos de sangre tanto en el trato como en los recuerdos de una empresa familiar cuyos recuerdos recorren sus paredes.

GRANJA LA PALLARESA

En el número 11 de la calle de las granjas por excelencia, la calle Petritxol, y muy cerca de Portaferrisa, te encuentras con esta granja por la que parece que no ha pasado el tiempo.

Inaugurada en 1947, su aspecto apenas ha cambiado a lo largo de los años y sus paredes están repletas de cuadros con escenas de la vida barceloní desde que se abrió el local. Es entrar en ella y transportarte en el tiempo como si no hubiera pasado y eso te hace sentir bien y cómod@.

El trato no puede ser mejor y es que sus camareros vestidos con pantalón negro, camisa blanca y pajarita te hacen recordar ese tiempo que casi hemos olvidado de una hostelería clásica y, si me apuras, mejor en el trato. De cuando ser camarero era todo un arte y que parece que estamos perdiendo.

Sobre sus productos, si bien el chocolate con churros es el clásico del lugar, a mí me gustan más sus melindros (o bizcochos de soletilla si no vives en Cataluña) y su chocolate suizo. Esa nata es realmente casera y de la mejor que he probado en mi vida. Eso sí, si eres una persona super dulce, debo decirte que la montan sin azúcar.

GRANJA DULCINEA

El último de mis favoritos es la Granja Dulcinea. Situada en la misma calle Petritxol, pero en el número 2, y muy cerca de la basílica de Santa María del Pi. Es otro lugar por el que no parece haber pasado el tiempo.

Inaugurada en 1941 por una pareja, su local es, de lejos, el que más encanto me parece tener. Con una chimenea que te recibe al final de la sala, lo mejor aún está por llegar. Y es que si tienes la suerte de que no haya sitio abajo, te pedirán que subas arriba. Y ahí es donde reside la magia del lugar. 

Por unas escaleras estrechas y casi teniendo que meterte en la cocina, se accede a la parte del altillo del local y lo mejor es tener una mesa pegado a la barandilla y con vistas a toda la planta baja. Realmente es una auténtica maravilla y es como estar viendo una fotografía en color sepia de esas que te atrapan. Además, sus camareros, otra vez vestidos de negro y blanco riguroso como en La Pallaresa, te atienden con enorme amabilidad y con una sonrisa que te hacen sentirte parte de la casa.

Entre sus productos estrella también se encuentran el chocolate con churros, pero a mí su suizo con una ensaimada es lo que más me vuelve loca. La nata también está montada en el momento y es más dulce que en el anterior local sin ser dulce realmente. Su ensaimada es grande, esponjosa y llena de azúcar así que te aseguro que estará bien compensada la merienda.

¿Conocías la historia de las granjas y la leche? ¿Qué te ha parecido? ¿Has estado en alguna de mis recomendaciones o quieres hablarme de otra que conozcas? Siempre encantada de leer tus comentarios.

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